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confesiones de cafés, libros y revistas de domingoMarioneta…
05 8th, 2008Creo que no había entrado todavía la década de los 80. El caso es que una mañana cualquiera de un domingo cualquiera, me levanté bien temprano, tomé un pequeño libro de poesías que había comprado recientemente en la Feria del Libro -cuando eso se celebraba en los patios de la Fortaleza Ozama-, crucé la calle y busqué cobijo en el colmado del frente que todavía estaba cerrado.
El sol todavía estaba muy tibio y naranja. Luego llegó Luís Manuel, tal y como habíamos quedado.
No recuerdo el motivo del encuentro a esas horas de la mañana, pero iniciamos a leer el librito que yo había traído. Se trataba –eso sí lo recuerdo– de una obra de Rubens Suro .
Mientras leíamos, un extraño que pasaba por allí, se acercó interesado en lo que hacíamos y nos pidió que le mostráramos el libro. Enseguida leyó unos versos y de repente dijo: “les voy a decir uno que todavía no se ha publicado…”
Se puso serio. Escuché el sonido de sus pulmones anchándose, y entonces comenzó a recitar un poema. Se sumergió tanto en su declamación que todo su cuerpo se convirtió en marioneta de su voz.
Hoy reconozco que hizo una declamación perfecta y magistral, pero en aquel entonces, en plena edad del pavo me provocó risa.
Luís Manuel y yo rompimos a reír como dos idiotas. El poeta se detuvo, su voz liberó su cuerpo y su mente tomó el control. Se enojó, me devolvió el libro, se identificó como el autor y se marchó.
Quedamos totalmente avergonzados. Entonces Luís Manuel me pidió que le diera alcance y le pidiera disculpas, pero no pude. Nunca pude. Con los años, cada cierto tiempo tuve la intención de averiguar su paradero e ir a pedirle disculpas por aquella estupidez de adolescentes.
Pero siempre me atemorizó su posible reacción, o que no se tratase del verdadero Rubens Suro aquel personaje que un domingo cualquiera me quitó un libro de las manos para declamar un poema.
En fin, que ahora el Poeta está muerto y posiblemente nunca lo sabré. Pero de todos modos tenía que decirlo. Algún día debía solicitar su comprensión y dar las gracias, mil gracias, a quien quiera que haya sido el personaje –marioneta de su voz– que aquella mañana de sol naranja nos regaló ese inédito poema.

La broma y el Pulitzer
05 5th, 2008
A Junot Díaz le tomo once años terminar su primera novela: The Brief Wondrous Life of Oscar Wao. Realmente fueron siete, porque los tres primeros años estuvo escribiendo otra novela que finalmente engavetó. Según comenta el propio Díaz, en la revista “piedepágina”, se trataba de un novela sobre la destrucción de Nueva York, y que él se empeñaba en titular The Secret History.
Pero los atentados del 11/S, y una beca que lo llevó a México, terminaron con el proyecto al que Junot había dedicado tres años escribiendo todos los días de la semana durante siete horas diarias. “Nunca llegué a tener la sartén por el mango”, asegura.
Pero una noche, durante su estancia en México, estando en casa de un amigo agarró una copia de La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, y tratando de pronunciar el nombre del dramaturgo irlandés en dominicano, dijo: “Oscar Wao”. Aquella broma pronto se convirtió en pensamiento y luego en un personaje de novela que durante casi dos años estuvo rondando en la cabeza de Díaz. Finalmente la broma cogió tanta forma que se convirtió en un Pulitzer.
La Pell Freda, de Albert Sánchez Piñol
04 29th, 2008
Cuando llegué a Barcelona decidí estudiar Català. Dentro de mis primeros esfuerzos, estuvo el de aprender a leer. Así que, entre otras cosas, fui a la librería más cercana y busqué entre los libros en Català. La Pell Freda, de Albert Sánchez Piñol me llamó mucho la atención. Lo compré y lo leí con la ayuda de un diccionario. Lo disfruté muchísimo, pese a la dificultades que me imponía el idioma. El interés que Sánchez Piñol despertó en mí a través de los personajes y su historia en aquella isla “desierta” se sobrepuso a cualquier barrera idiomática. Fue una de aquellas lecturas que te imponen el deseo de encontrar otra similar.
La Pell Freda: Novela, Edicions La Campana, 310 páginas.
Firmin, de Sam Savage
04 29th, 2008
Sam Savage es uno de esos extraños personajes con una apariencia que se debate entre la mesiánica y la de vagabundo. Firmin, el ratón de biblioteca protagonista en su novela, también me produce la misma confusión. Me gusta esta imprecisión. Por ello cuando vi su novela en la mesa de “novedades” de Abacus supe que la leería y que me encantaría. No me equivoqué. El ratón devoralibros me acompañó en muchos viajes de Metro e incluso, alguna vez, me hizo pasar de estación.
Firmin: Novela, Editorial Seix Barral, 224 páginas.
